Historia que inspira dulzura

 Todo comenzó en Ameca Jalisco cuando mi abuelo Antonio Aguilar Salas, pretendía contraer nupcias con Antonina Ramos Soltero cuando comprometido y conmovido en el año de 1917 comenzó con un pequeño amasijo de panadería al que puso por nombre. ANTONIO CARLOS AGUILAR ¡Gran panadería! A lo que posteriormente lo llamo: LASORPRESA .

Y así, de forma artesanal y de la mano de mi abuela , el negocio de venta de pan de mesa tradicional en el que no podían faltar las semas revolcadas, los tostados, las costras, las conchas y los deliciosos piconcitos de huevo, fue fortaleciéndose hasta llegar a tener 2 o 3 turnos diarios para atender a los clientes de Ameca y sus alrededores.

El horno era calentado con leña que se recibía en cargas de mulas diariamente, los huevos venían de un lugar retirado llamado Guachinango, y venían acomodados en un huacal con paja o zacate, intercalados para procurar su buen arribo , los cuales tenían que checarse contra la luz de un foco, para asegurar su buen estado, ya que su trayecto duraba más de un día. El azúcar era en bloques piramidales compactos de aproximadamente 12 kilos, que tenían que desintegrarse con hacha quebradora para luego cernirse. El pan era elaborado con manteca de puerco que venía envuelto en cueros del mismo abrochados con astillas de ocote. El precio del pan era 6 piezas por 5 centavos y en ese entonces no se usaban las bolsas plásticas, por lo que el pan era despachado en servilletas de tela, canastos o en sombrero.

 

Al fallecer mi abuelo, mi abuela se encargaba de la selección cuidadosa de los ingredientes del pan y del cuidado de sus hijos, estando siempre al pie del cañón; sin dejar de mencionar que diariamente reunía a los trabajadores para rezar una pequeña oración como inicio de labores. Y así transcurrió el tiempo, con el apoyo de todos mis tíos, principalmente la Tía Nena, quien además hacía exquisitos y coloridos pasteles, la Tía Chelo con la elaboración de galletas, el tío Carlos y Javier lograron colocar La Sorpresa en la bella perla Tapatía en diferentes épocas del siglo XX, hasta que finalmente pasó a manos de mis padres, por lo que nosotros prácticamente nacimos entre costales de harina y a muy corta edad, nos fueron enseñando el amor al trabajo, asignándonos pequeñas labores en la panadería.

Gracias al apoyo de nuestros padres y al empeño de nuestra familia, en 1989 decidimos abrir la primera pastelería y repostería fina establecida en Ameca, logrando llevar a los hogares deliciosos pasteles, galletas, gelatinas, bocadillos y exquisitas roscas de reyes, entre otros, pero sin dejar de lado las tradiciones de nuestros abuelos, ya que, actualmente conservamos la línea de #PICONES y #SEMAS, a las que además, hemos agregado valores nutricionales de harinas integrales y semillas , que también contienen el delicioso pan de nopal, que se ha colocado exitosamente en el gusto de nuestros consumidores

Más de 100 años de tradición

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